El temor se adueña de la isla tranquila mientras que la madre naturaleza agoniza y pide paso. Son muchos los temblores de la última semana cuales gritos desgarradores que sufren intensamente. Los habitantes de la tranquila localidad, prestados en ese lugar por mucho tiempo ya no saben que pasará; lo único de lo que tienen certeza es que tiene que salir. Rápidos, decididos y sin tiempo de mirar atrás, dejan a sus espaldas por unas horas todo lo que les ha costado años y años de lucha conseguir. Lo único que tienen asegurado es un lugar para dormir, del resto nadie sabe. Seguridad y cobijo es lo único que les pueden ofrecer los que están a cargo. La naturaleza es caprichosa y sabia, y ahora ha despertado, temblando lenta e incesantemente, asustando a muchos y dándole la razón a tantos otros que ya presuponían lo que viene sucediendo.
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