Siendo sincera, no se exactamente como empezó todo ni el momento exacto en el que dije “Mamá quiero ser periodista”.
Analizando en profundidad mi vida se podría decir que mi relación con los medios ha sido la de cualquiera. Recuerdo aquellos momentos en los que no pasaba de los 5 años en el taller de mi abuelo, él se dedicaba a arreglar coches mientras que mi tia (4 años mayor) y yo pasábamos el rato haciendo travesuras y jugando allí, siempre con el sonido de fondo de una vieja radio que, cuando no sonaban las noticias diarias nos ponía al día de los partidos de fútbol de la jornada.
Yendo un poco más hacia adelante en el tiempo, o quizás no, la verdad es que no me ubico demasiado, recuerdo aquellas mañanas de domingo en las que esperaba a papá acompañado por La Provincia y con él una cinta VHS más de la colección de Tintín. Creo que ahí fue donde de verdad empezó mi verdadera curiosidad por este mundo, siempre me preguntaba cómo se podían escribir tantas letras juntas para contarle las cosas a la gente. Por eso, cuando comencé a leer, papel escrito que caía en mis manos papel que lía o, al menos lo intentaba, entre ellos, por supuesto el periódico.
Centrándome en el mundo más audiovisual, desde siempre en casa se desayuna con las noticias de la 1, se come con las de Antena3 y se ve las de Telecinco a las 8. Mi curiosidad por esas personas que “cuentan las cosas” sin tener nada que ver con ello cada día iba creciendo más y más. No entendía como podían contar cosas tan graves como un atentado o un asesinato sin inmutarse lo más mínimo, o contar noticias sumamente felices, como la liberación de algún secuestrado sin ni siquiera mostrar una seña de emoción.
Desde ahí hasta más o menos los 10,12 años no tenía claro lo que quería ser “de mayor” pasé, como todos por esa fase en la que cada día quería ser una cosa diferente, iba desde peluquera, hasta enfermera, veterinaria o abogada, pasando por ser maestra, típico tópico de todas las niñas.
Pero creo que el punto de inflexión, ese en el que se me pasó por la cabeza “periodista” fue aquel fatídico 11S en el que a todos se nos paró el mundo. Ahí es donde creo que empecé a valorar realmente el mundo de la comunicación y, sobre todo el mundo del periodismo. Me quedé fascinada por el poder saber en directo prácticamente lo que pasaba al otro lado del gran charco, como esas personas trabajaban informándonos, jugándose su propia vida ante las grandes nubes de humo que impregnaban el lugar, esa constancia porque todos supiéramos lo que ocurría de los informativos, desde el primer avión que chocó hasta el derrumbe total de la segunda torre.
Pienso que fue algo que me impactó demasiado y que influyó en mi, de manera positiva o negativa, depende de como se quiera ver esta profesión. Ahí fue donde se despertó mi vena periodística propiamente dicha, si bien desde aquella radio en el taller me gustaba estar informada y enterarme de todo nunca había visto ese mundo desde el punto de vista que lo vi en esos atentados de Nueva York, de esa necesidad imperiosa de que me informaran y de estar informados.
Pero, como siempre las decisiones importantes se toman en los momentos verdaderamente duros de la vida. En mi caso particular en un hospital, cuando tenía 12 años me detectaron un cáncer y por ello tuve que someterme a las oportunas sesiones de quimioterapia que esta enfermedad conlleva en la gran mayoría de los casos. Eso de verme durante un año estando más en el hospital que en mi propia casa no iba conmigo, ya que yo siempre solía estar por fuera enterándome de todo de primera mano. En aquella habitación fue cuando la necesidad de enterarme de lo que pasaba fuera estalló, no podía moverme de allí ni siquiera a coger un poco de aire fresco, era algo que me agobiaba y mucho, si bien no lo solía expresar si lo pensaba. Mi conexión principal con el resto del mundo eran las informaciones que venían de fuera ya fueran por teléfono si hablaba con alguien, por la TV o por el periódico que traía alguien o que cogía del cuarto de enfermeras. Recuerdo una de aquellas tardes monótonas en las que apareció por la planta de oncología una cámara y una redactora, sinceramente ni me acuerdo de que medio era. Según ellos querían mostrar la realidad de la planta lo que pasaba en ella, pero se limitaron a sacar lo que ellos querían, salieron o salimos (porque yo también aparecí en pantalla) los niños contando como veíamos nuestra enfermedad, a mi parecer se dejaron atrás lo más importante de todo el asunto, ya que no sólo de los niños se compone todo este tema sino también de todos los profesionales, dígase enfermeras/os, médico y auxiliares que, al fin y al cabo conviven con los niños durante el año que dura su tratamiento y que no sólo están de forma profesional en su vida, sino que también lo están de forma personal, ya que se llegan a convertir en un pedacito más de la cotidianeidad de sus vidas, les dan cariño y, en muchos casos a ellos y a sus familiares la fuerza que les falta para seguir con todas las fuerzas luchando con la enfermedad.
Si por el tema del 11S se había despertado mi vena periodística fue ahí, en esa tarde en el hospital donde verdaderamente descubrí lo que quería ser y desde entonces cuando me preguntaban qué quería estudiar lo tenía bien claro quería estudiar periodismo.
Por muchos altibajos que ha tenido mi vida durante estos 9 años siempre he luchado por lo mismo, llegar a estudiar lo que quiero. Haciendo incursiones mientras tanto en algún que otro programa de radio, haciendo prácticas en televisiones locales en insulares de un curso general de TV, y redactando varios artículos y crónicas para páginas web.
Tal ha sido mi lucha por estudiar periodismo, que mi Bachillerato, por diversos motivos no duró 2 años como para el resto, sino que duró 4. Claro está que tuve que luchar bastante para poder sacarlo pero siempre con la misma meta por delante, esa meta que poco a poco veía cada vez más cercana. Pero el destino decide ponerme una prueba más, no darme plaza el año pasado en una universidad madrileña, por lo que no me quedó otra sino que ocupar mi tiempo en la ULPGC cursando primero de Magisterio de Audición y Lenguaje. Aunque la carrera es preciosa y muy apasionante yo no tenía lo que hay que tener para cursarla con las suficientes ganas, la vocación. Mi vocación era otra y lo sabía, y es por ello que al acabar el curso académico no con demasiado éxito y hablar con mis padres, que al fin y al cabo son los que me sustentan, decido echar la prematrícula en la ULL para cursar mi sueño, en este caso, el Grado en Periodismo. Por esta parte, la de mis padres, puedo decir que siempre he tenido suerte ya que me han apoyado para que estudiara lo que verdaderamente quiero y no me han impuesto nada, siempre me han abierto el camino para que yo esté verdaderamente feliz con lo que estoy haciendo.
Volviendo al tema de la ULL puedo decir que el día que salieron las listas definitivas ha sido de momento el día mas feliz de mi vida, en donde había conseguido mi meta: estudiar periodismo. Desde que me dieron la plaza hasta principios de septiembre me tacharon de todo desde loca hasta inconsciente, por abandonarlo totalmente todo por venir a la ULL a estudiar.
A día de hoy, y después de estar 2 meses en Tenerife puedo decir que estoy completamente feliz. Por fin he visto mi vida ubicada en lo que realmente quiero, estoy estudiando lo que verdaderamente me gusta, y estoy ejerciendo de ello en una pequeña radio de la isla.
Puedo decir que mi meta ha cambiado, he logrado la primera: estudiar periodismo; y la siguiente será: acabar la carrera con éxito y poder vivir de ello.
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